Columna de opinión: Una semana para demostrarnos que se puede

Desde que conocimos que Héctor Cárdenas asumiría la dirección técnica del Deportivo Cali, tras el tristísimo desenlace de lo que fue la era Yepes, sabíamos que íbamos a estar en medio de un ambiente hostil, fundamentado en la resistencia que había hacia el joven entrenador.

En el Cali hemos apostado por proyectos riesgosos, armas de doble filo que al final han terminado hiriendo, más por la presión típica de nosotros, la hinchada, que por la convicción de quienes nos dirigen. Por eso, ahora, es momento de demostrar por qué elegimos correr tanto riesgo, si vale la pena seguirlo haciendo y si el Cali está para meterse a unas finales que no van a estar fáciles, porque a estas se están asegurando los clubes tradicionales del país y la pelea por el título va a estar intensa.

Y esa es quizá la prueba más difícil a la que se mide Cárdenas, porque seguimos en una incertidumbre partido tras partido, con un Cali que en cada juego le vemos una cara diferente, haciendo que pocos defiendan con propiedad el proyecto y, a cambio, muchos se declaren en contra del mismo.

Ahora, a una semana de terminar el ‘todos contra todos’ de la Liga Águila y antes de enfrentar un duelo clave para la clasificación en Copa, ya no valen ni la autocrítica, ni el argumento semanal de “es mejor corregir sumando”, ni la idea de esperar si al final los puntos nos van a faltar. El discurso, a mi parecer, hay que dejarlo de lado y empezar a trabajar en silencio por obtener los resultados que, por obligación, tenemos que sacar adelante.

Al Deportivo Cali le quedan 4 partidos en 10 días para convencer a quienes se resisten a la idea de Cárdenas como entrenador verdiblanco. “Es ahora o nunca”, dijo el capitán Andrés Pérez y jamás tuvo tanta razón.

La primera prueba es hoy, ante Orsomarso, un equipo que con solvencia nos ganó el primer round en el grupo E de la Copa Águila, una derrota que explotó la situación que vivía el equipo y terminó en la salida de Mario Alberto Yepes. Lo enfrentamos con la necesidad de ganar para mantener aspiraciones en un torneo donde, si bien no es la prioridad, Cali tiene la obligación de clasificar.

Después vienen Nacional, América y Millonarios, cerrando un semestre que nos ha dejado más preocupaciones que alegrías. Con jugadores que no terminan de consolidarse y otros más bajando el buen rendimiento con el que venían, hemos caído en una mala racha donde no se pierde, pero nos mantenemos al borde del abismo, a la espera de alcanzar una victoria esporádica o con el miedo de enfrentar a un equipo que nos termine de desvestir todas las falencias que están latentes, pero aún nadie hace nada por corregirlas.

Son duelos donde el equipo tiene que demostrar lo que tanto le viene faltando desde hace más de un año: fútbol, y del bueno. De ese que nos ilusionó a todos en 2015 y del que habla la gloriosa historia de nuestro club.

Sé que no es fácil y que de la noche a la mañana no se van a resolver los problemas defensivos y de ataque que tiene el equipo. Pero, como también expuso Andrés Pérez, ganar el domingo ante un Atlético Nacional imparable, puede servir como un envión anímico que los impulse a consolidar una regularidad, que ha sido esquiva en el Cali desde hace mucho tiempo y nos tiene ‘comiendo uñas’ a dos fechas de finalizar la primera fase del campeonato.
Es momento de dar ese golpe de opinión que todos estamos esperando para creernos la idea de que vamos a ser protagonistas en finales. Aunque, no lo niego, para mí es muy triste esperar hasta el final del torneo para ratificar algo que pudimos tener resuelto con dos fechas consecutivas disputadas en nuestra casa.

Solo nos queda aferrrarnos a la posibilidad de que las cosas van a cambiar. De que tendremos la jerarquía suficiente para traernos un buen resultado de Medellín y que en casa sellaremos una campaña que hemos sufrido cada fin de semana. Nos queda seguir aquí, porque el amor es así, fiel a la idea de que siempre vamos a sacar esto adelante. ¡Vamos, Cali!

Por: Sara Otálora
Twitter: @SaraOtalora

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